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La verdad sobre la muerte de Bisman



Ha llegado la noche y el viento anima las copas de los árboles. Las nubes se dispersan por el cielo como archipiélagos. Detrás de la ventana de un edificio gris, un hombre, pero no cualquier hombre, su mirada trata de perderse en un punto fijo, quizás en alguna estrella. Esta fumando, el humo se disipa entre las nubes. La débil luz de la luna inunda su cara. Piensa que la noche es una posibilidad, una forma indolora, enrarecida de la desesperación que podría llevarlo a una conclusión, que uso las palabras equivocadas. Se desespera. Hay una pistola cargada en su casa. Se mata. El poema queda inconcluso.

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Notas de la ciudad

  Ya nadie se pasea por las tardes evanescentes en las calles inundadas de hollín que emanan los señores ejecutivos frente al Icon Palace Hotel sus bocas pululan pululean los más sádicos y despiadados fluidos sobre los hombros cansados de sus admiradores que caminan con sus zapatos al revés  ya nadie mire el cielo ni por asomo del reloj buscan sus obligaciónes en la saliva arrastrada de estos nabucodonosores sin corbata que patean su espina dorsal y nosotros los que somos de aquí y de allá miramos con espanto y esperamos un paso atrás otro paso atrás y caminamos adelante.

El día que mi abuelo me enseñó hablar en silencio

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