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La verdad sobre la muerte de Bisman



Ha llegado la noche y el viento anima las copas de los árboles. Las nubes se dispersan por el cielo como archipiélagos. Detrás de la ventana de un edificio gris, un hombre, pero no cualquier hombre, su mirada trata de perderse en un punto fijo, quizás en alguna estrella. Esta fumando, el humo se disipa entre las nubes. La débil luz de la luna inunda su cara. Piensa que la noche es una posibilidad, una forma indolora, enrarecida de la desesperación que podría llevarlo a una conclusión, que uso las palabras equivocadas. Se desespera. Hay una pistola cargada en su casa. Se mata. El poema queda inconcluso.

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