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Un paseo por la (in) felicidad

El dolor no nos sigue: camina adelante Antonio Porchia   Los lugares donde más leo son en el transporte público. Me gusta leer en movimiento. Mi ritmo de lectura lo marca los sonidos del bondi, con sus frenos cristalizados, con el timbre agudo de la puerta de atrás, con algunas voces que pasean por los asientos. Me gusta dejar una página a la mitad y mirar un árbol mientras reflexiono alguna frase que me llamó la atención, después subrayarla , hacer una línea torcida y anotar una palabra al margen. Hace poco termine de leer el libro de Sara Ahmed: “La promesa de la felicidad”. En uno de los primeros párrafos la autora se pregunta por el origen de la palabra happy, en un principio es tener buena fortuna , ser una persona con suerte , nos dice. Durante todo el libro la autora va a retomar esta “vieja” definición, y va plantear de qué manera podemos devolverle el carácter de fortuna a la felicidad. La finalidad del libro, creo yo, es hacer una política de la fortuna. ¿Qué implica u
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Bienvenidos a mi mesa

  Todos los domingos en la casa de Castelli se cumplía el mismo ritual. Se alargaba la mesa de los costados y se desenrollaba el mantel a cuadro a rojo. El aroma del asado inundaba todo el barrio. La heladera estaba llena de cervezas y gaseosas. Arriba de la mesa, como siempre, estaba el Don Valentín Lacrado; al costado la ensalada de papa con mayonesa y perejil que preparaba la tía Marta. Afuera el asador, que era mi primo Gabi. La familia iba llegando de a poco. Primero llegaba el tío Cholito, después el tío Arturo, y por último mi primo Diego. Se acercaban a la parrilla y decían y como viene eso  mientras la luz del medio día alumbraba sus caras. En el medio del jardín estaba una mesita blanca y, arriba una tabla con una rosca de morcilla y unos pedacitos de pan. El crepitar del carbón era indicio de un gran aplauso para el asador. Zulema se acercaba cada tanto y decía  avíenseme cuando preparo las ensaladas.  Mientras tanto los que estábamos al lado de la parrilla ligábamos algún

Lo que puede un cuerpo

  Nadie sabe lo que puede un cuerpo Baruch Spinoza   Hace un tiempo fui con un amigo a ver una obra de danza contemporánea que se llamaba “En tres”. Sabia poco de que se trataba, pero me pareció un gran plan para un viernes a por la noche. La cita era en el Galpón de Tacuara, un teatro independiente ubicado en Chacarita. El Folleto de la obra decía “Un día el mundo se detuvo. El tiempo cambió de frecuencia. Los días y las noches se alteraron. En tres es un viaje de introspección marcado por la perplejidad, ese intervalo que existe entre un hecho y su entendimiento.” Una premisa interesante ya que no decía mucho, pero llamaba la atención. Mis expectativas fueron aún mayores cuando leí que estaba basado en un disco de unos de mis pianistas preferidos: Brad Mehlhdau. El disco lo compuso en cuarentena, solo con su piano y se llama “Suite April 2022”. La escenografía era muy minimalista, un colchón en el suelo, una especie de modular moderno y ellas tres distribuidas por el escenari

Esas pequeñas cosas

  Son aquellas pequeñas cosas Que nos dejó un tiempo de rosas Joan Manuel Serrat   El día estaba nublado, las olas rompían en la orilla. Estábamos sentados con mi tío Arturo sobre una manta gastada por el sol. Al lado había un castillo de arena que resistía a la espuma de las olas. Una gaviota cruzaba el cielo como una mano que saluda. Mi tío siempre fue un tipo de pocas palabras como lo era mi abuelo. Él se había mudado hace unos pocos meses a Santa clara del Mar y yo había decidido ir a visitarlo. Nunca tuve una relación muy profunda con él, pero siempre hubo algo en su silencio que llamaba mi atención. Esa tarde me dijo que esa manta donde estábamos sentados había pertenecido a mi abuela Zulema, que todas las vacaciones que pasábamos en Santa Teresita llevaban esa misma manta. Me contaba que era una de las cosas que más apreciaba. Me sorprendió el valor sentimental que tenía esa manta para él. Me puse a pensar si los sentimientos se mueven desde nosotros hacia las cosas o si los sen

El síntoma de la crisis

  Hay dos maneras de pensar la crisis: Una es como un discurso de control aplicadas por recetas neoliberales y otra es pensarla como una manera de producir estrategias. El capitalismo desarrolló una manera de combatir  estas estrategias mediante el coaching, que es una manera de “enseñar” a vivir. Es imposibles ir a tomar un café sin leer frases en la pared como “vive simple”, “ríe mucho”, “ama sin límites”, “viaja más”, “se libre”, “amar garpa”, etc. Estas frases diluidas son una manera de percibir nuestro sometimiento a los automatismos del lenguaje. Estas palabras hacen pasar falsos afectos. Su objetivo es que no reconozcamos el terreno que pisamos, que tengamos expectativas banales a corto plazo. Es necesario producir un lenguaje que interpele, es la única manera de suspender los automatismos del lenguaje y apoderarnos de nuestra subjetividad. Es necesario una sensibilidad que nos permita crear con lo que tenemos, es allí donde ocurren los milagros.

El pensamiento del poema

  1 Alberto Girri decía que un poema no se lo define, se lo reconoce. El poema no refiere a un objeto, no presupone, no destruye su afuera, no persuade, no vende nada, para muchos la inutilidad del poema para otros la utilidad del poema. En libro “El pensamiento del poema” Montalbetti sigue la pista de Alain Badiou, se centra en la premisa “El poema es una forma de pensamiento.” Elabora una serie de variaciones sobre esa idea de Badiou. Remarca que la primera pregunta es “¿Qué piensa el poema?” y no “¿En que piensa el poema?” Pensar algo es una operación mucho más interior que pensar en algo. Montalbetti dice que hay un riesgo en hablar del poema adoptando la forma del ensayo, que es una forma de prosa. Él dice “El poema es más periférico que la prosa”.   2 El poema no tiene significado, el poema hace borde, piensa allí donde no significa, su pensamiento desborda significación. Podríamos decir que el trabajo del poema es con el lenguaje y no con el mundo, es decir, el poema es

WhatsApp y la economía de la atención

  ¿Hacia dónde se está yendo nuestra escucha? John Cage en una entrevista dijo que el silencio del mundo contemporáneo es el tránsito. El proceso de subjetivación está alterando nuestra escucha. Un ejemplo claro de esto son la posibilidad de reproducir más rápido los audios de WhatsApp. Esto hace que se pierdan los silencios, se pierdan significados, una forma de alterar el espacio acústico en donde el tiempo y el espacio se funden a media que se articulan las palabras, una forma de alterar la respiración del lenguaje . Agustín valle en su libro, Jamás tan cerca dice: “Una voz que no habla, solo pasa información. Una voz que nos respira- ¿No es una forma del horror, una voz que no respira? - Acaso la aceleración de mensajes de voz expresa una pobreza respiratoria de nuestro cuerpo social.”. Cada vez oímos más y escuchamos menos, la distinción es clara: oír es escuchar formas de onda y escuchar es dirigir la atención. La escucha ocurre voluntariamente y se está perdiendo. La filósofa C