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Entre la chacarera y el olvido

 


Hace poco terminé de leer Las tierras blancas de Juan José Manauta, una novela que habla del éxodo entrerriano y el desarraigo de la tierra por falta de trabajo. La novela tiene un gesto musical, como si fuera un contrapunto entre dos personajes: por un lado, la madre y por el otro Odiseo, el hijo. Las tierras blancas posee un sentido estilístico que se desarrolla a lo largo de toda la trama. Me gustaría relacionar la novela con un tema que escuché de Los Manseros Santiagueños, que se llama “Añoranza”. La letra es de Julio Argentino Jerez. La canción habla, al igual que Las tierras blancas, del éxodo por falta de oportunidades laborales. El tema comienza con un recitado

¿Qué tiene la chacarera?
¿Qué tiene que hace alegrar?
A los viejos zapatear, a los mudos la tararean
Y los sordos se babean cuando la sienten tocar

La chacarera es sinónimo de alegría. Spinoza en su Ética dice: “Llamo alegría la afección por la cual el alma pasa a una mayor perfección. Tristeza, por el contrario, la afección por la cual pasa a una menor perfección”. Para Spinoza, la alegría es una emoción que incrementa nuestra capacidad de existir y actuar.

Es tristeza, es alegría
Es una danza, es canción
Es alma de una región que evoca la raza mía
Ella es rara melodía nacida del corazón
Su cuna fue un humilde rancho y un bombo la bautizó
Un paisano la cantó con versos improvisados
Salavina la ha reclamado diciendo que allá nació
Ella nació como yo en los pagos del mistol

El éxodo es un silencio. Un corte seco, el gesto irremediable de la partida. ¿No es la partida una forma de morir? Irse es desdibujar la identidad, volverse sombra en la tierra natal, desterrar el cuerpo y la memoria al mismo tiempo. Hay algo en el desarraigo que se parece al olvido: la patria, la infancia, las raíces mismas , se desvanecen.

Donde quema mucho el Sol, se pita cigarro en chala
Donde se cantan vidalas y el ser criollo es un honor
Chacarera, chacarera, melodía montaraz
Sos arrullo de toro y cabra, nido de tigre y puma
Sos más criolla que ninguna y a ti te quiero cantar

Una vez terminado el recitado, comienza la canción diciendo:

Cuando salí de Santiago, todo el camino lloré
Lloré sin saber por qué, pero yo les aseguro
Que mi corazón es duro, pero aquel día aflojé

Pienso en Ovidio, desterrado por Augusto. Ovidio no solo fue exiliado de Roma, sino de su propia lengua, del sonido que daba forma a sus pensamientos. El poeta, al partir hacia Tomis, perdió el eco de su voz, su sentido. Ovidio escribe desde el borde del mundo conocido, aferrándose a una Roma que le es cada vez más extraña.

Dejé aquel suelo querido y el rancho donde nací
Donde tan feliz viví, alegremente, cantando
En cambio, vivo llorando igualito que el crespín

Ovidio y Julio Argentino Jerez escriben para escapar del olvido. El músico, como el poeta, se aferra a las palabras y al ritmo como último refugio. La chacarera es una lucha por mantenerse vivo a través de la memoria, del eco de una patria ausente.

Montaigne decía que "olvidar es el único remedio para los males del alma", pero me pregunto si realmente es posible olvidar. Ovidio no olvidó Roma. Los Santiagoqueños no olvidan su tierra. Y aun así, el olvido acecha en cada palabra recuperada.

Lucrecio habla de cómo el universo está lleno de vacíos, de ausencias. El exilio es una forma de vacío. El desterrado vive rodeado de ese vacío que lo envuelve, lo aparta de todo lo que conocía.

El destierro, el olvido, la soledad, la patria, el hogar, todo se desvanece cuando uno es arrancado de su entorno y en ese momento es cuando las estrellas se alejan rápidamente de nosotros. Lo único que queda es la lengua. Desde allí el hombre se reinventa. Piensa. Se refugia en el silencio de cada palabra y dice:

Tal vez, en el campo santo no haya un lugar para mí
Paisanos, les vo' a pedir antes que llegue el momento
Tírenme en campo abierto, pero allá donde nací.


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