Ir al contenido principal

Historias de Tokio: La complejidad de lo sencillo


A veces la gente convierte las cosas sencillas en algo muy complicado"

 Yasujiro Ozu 

Hace un tiempo un amigo me comento que estaba parado en un semáforo y vio cómo un perro se escondía del calor en un pedazo de sombra; le llamó la atención que una vez que el perro se acomodó lo miraba fijamente «parecía que los dos nos quejábamos del calor», me dijo. Las miradas son la complejidad de lo sencillo." Lo mismo ocurre con el cine de Yasujiro Ozu.

Historias de Tokio es una película que cuenta la historia de un viejo matrimonio que viaja desde Onomichi hasta Tokio para visitar a sus hijos, pero descubren que estos no tienen demasiado tiempo para ellos.

Los detalles cotidianos hacen que el espectador se identifique con el film, ya sea las expectativas que tiene el matrimonio Hirayama de reencontrarse con sus hijos como también las frustraciones, la soledad y el desencuentro.

Las imágenes de la película se construyen de forma natural, esculpiendo al tiempo. La composición de los encuadres, la sensación de profundidad y perspectiva de las escenas son maravillosas.

La película constituye un reflejo de un Tokio post segunda guerra mundial, como la modernidad comienza a prevalecer sobre lo tradicional y se va transformando en una ciudad concebida bajos los cánones económicos occidentales. Podríamos hacer una distinción entre el matrimonio oriundo de Onomichi, una ciudad tradicional cerca del mar, muy diferente a la del Tokio de sus hijos. Es por eso que los ancianos se sientan incómodos en la capital. Sólo les queda los viejos amigos,el sake y algunos recuerdos.

 Es interesante como la película transita la existencia humana y como la muerte es tomada como algo natural. ¿Acaso la función del cine no es mostrar esa naturalidad? Tal vez de eso se trata, de ver como un perro se esconde del calor en un pedazo de sombra.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Notas de la ciudad

  Ya nadie se pasea por las tardes evanescentes en las calles inundadas de hollín que emanan los señores ejecutivos frente al Icon Palace Hotel sus bocas pululan pululean los más sádicos y despiadados fluidos sobre los hombros cansados de sus admiradores que caminan con sus zapatos al revés  ya nadie mire el cielo ni por asomo del reloj buscan sus obligaciónes en la saliva arrastrada de estos nabucodonosores sin corbata que patean su espina dorsal y nosotros los que somos de aquí y de allá miramos con espanto y esperamos un paso atrás otro paso atrás y caminamos adelante.

La Hepatitis y el cine catástrofe

Cuando tenía ocho años vivíamos en la calle mitre. Una mañana me desperté amarillo. Para mi mamá que toda su vida había trabajado como enfermera el diagnóstico era evidente, hepatitis. Fuimos a la clínica Fátima y el médico confirmó el diagnóstico de mi mamá. Al principio todo no era tan malo porque iba ausentarme unos largos meses al colegio, pero también me dijeron que mi alimentación se iba a basar en galletitas de agua, mermelada de durazno, calabaza, pollo y tal vez algún bifecito si tenía suerte, y a toda esa dieta de hospital se le agregaba el reposo absoluto. Solo me quedaba estar en mi cuarto y mirar mi televisor philco de 21 pulgadas que estaba arriba del ropero. En ese tiempo era fanático del cine de ciencia ficción. Decidí escribir mi primer guión, todavía lo recuerdo. Se trataba de una invasión alienígena sobre el planeta tierra. Los extraterrestres descendían en el obelisco y en unas pocas horas se adueñaron de la ciudad. Un joven científico llamado Carlos inventaba una p...

La insoportable levedad de la crisis

Cierros los ojos, y me entrego a la certidumbre de los días León Daer   Los Domingos son los días de más tranquilidad en mi barrio. Los autos pasan lentos, a veces un Benteveo me despierta con su canto en la ventana, el ruido del viento acariciando las hojas de los plátanos, el humo que se desprende de alguna parrilla, las nubes que van más lento que de costumbre, los rayos de sol que se reflejan en la ventana como dibujando algo. En mi casa nos movemos despacio, Tarkovsky está tirado patas para arriba en la cama, no se mueve. La quietud del domingo que pronto generar un movimiento. Empieza a bajar el sol la crisis se asoma, te atraviesa. En mi caso tengo solucionado lo que aqueja a la mayoría que es volver al trabajo los lunes, modifique mis horarios, le sume horas a los días, para escapar de la brutalidad del primer día de la semana. Pero fue inútil, la crisis existencial golpea con fuerza, me paraliza. Si me siento en el piano mis manos se inmovilizan, si me siento a esc...