Ir al contenido principal

La casa de los pájaros




El monte pliega sus alas al atardecer

mientras los pájaros dejan el tiempo atrás  

y el viento de julio acaricia las ramas secas

y la tarde se pierde en el prado 

y doña Damiana caminará 

entre el cielo y la sierras.


Escuchas el silencio mi amigo?

Oh, cerro de oro que ruge y tiembla

atraviesa la superficie del paisaje


 entre la frescura de las hojas y del rocío y del cielo.

 Arroyos

 

suben

 

y

 

bajan

 

entre las piedras que apenas pisamos entre el agua blanda blanca

escuchamos la hierba seca,

 son los silencios súbitos, de las almas del monte?

 

El canto de la noche que de repente se pierde      

en su propio olvido y vuelve,

con su pena imposible.


 ¿Qué secretos íntimos guardan esos árboles?

 

 Las miradas de las estrellas sobre la amistad primera,

que abre, de repente, los ojos del monte

 

y mira, mira, mira?


 

 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Notas de la ciudad

  Ya nadie se pasea por las tardes evanescentes en las calles inundadas de hollín que emanan los señores ejecutivos frente al Icon Palace Hotel sus bocas pululan pululean los más sádicos y despiadados fluidos sobre los hombros cansados de sus admiradores que caminan con sus zapatos al revés  ya nadie mire el cielo ni por asomo del reloj buscan sus obligaciónes en la saliva arrastrada de estos nabucodonosores sin corbata que patean su espina dorsal y nosotros los que somos de aquí y de allá miramos con espanto y esperamos un paso atrás otro paso atrás y caminamos adelante.

La Hepatitis y el cine catástrofe

Cuando tenía ocho años vivíamos en la calle mitre. Una mañana me desperté amarillo. Para mi mamá que toda su vida había trabajado como enfermera el diagnóstico era evidente, hepatitis. Fuimos a la clínica Fátima y el médico confirmó el diagnóstico de mi mamá. Al principio todo no era tan malo porque iba ausentarme unos largos meses al colegio, pero también me dijeron que mi alimentación se iba a basar en galletitas de agua, mermelada de durazno, calabaza, pollo y tal vez algún bifecito si tenía suerte, y a toda esa dieta de hospital se le agregaba el reposo absoluto. Solo me quedaba estar en mi cuarto y mirar mi televisor philco de 21 pulgadas que estaba arriba del ropero. En ese tiempo era fanático del cine de ciencia ficción. Decidí escribir mi primer guión, todavía lo recuerdo. Se trataba de una invasión alienígena sobre el planeta tierra. Los extraterrestres descendían en el obelisco y en unas pocas horas se adueñaron de la ciudad. Un joven científico llamado Carlos inventaba una p...

La insoportable levedad de la crisis

Cierros los ojos, y me entrego a la certidumbre de los días León Daer   Los Domingos son los días de más tranquilidad en mi barrio. Los autos pasan lentos, a veces un Benteveo me despierta con su canto en la ventana, el ruido del viento acariciando las hojas de los plátanos, el humo que se desprende de alguna parrilla, las nubes que van más lento que de costumbre, los rayos de sol que se reflejan en la ventana como dibujando algo. En mi casa nos movemos despacio, Tarkovsky está tirado patas para arriba en la cama, no se mueve. La quietud del domingo que pronto generar un movimiento. Empieza a bajar el sol la crisis se asoma, te atraviesa. En mi caso tengo solucionado lo que aqueja a la mayoría que es volver al trabajo los lunes, modifique mis horarios, le sume horas a los días, para escapar de la brutalidad del primer día de la semana. Pero fue inútil, la crisis existencial golpea con fuerza, me paraliza. Si me siento en el piano mis manos se inmovilizan, si me siento a esc...