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La casa nueva




Felisberto Hernández fue unos de los mejores escritores de la literatura sudamericana. Lo conocí porque en una entrevista lo mencionó la escritora Hebe Uhar. Cuando me recomiendan o escucho un escritor, lo busco en mercado libre y selección alguno de los libros que aparecen y lo pongo en mi lista de favoritos. Pueden pasar meses o años hasta que retomo lo que había favoritiado. Hace poco volví a un libro de él, “Las hortensias y otros relatos”. Sus cuentos se focalizan en las pequeñas cosas: objetos, muñecas, animales. Narra hechos cotidianos, se centra en lo que pasa desapercibido. Felisberto transforma la realidad en acciones fantásticas con humor y genialidad. El año pasado se estrenó “Pig” una película donde actúa Nicolas Cage, que tranquilamente podría ser un cuento de Felisberto. La película trata un hombre solitario que vive en una cabaña en el bosque de Oregón, no lejos de la ciudad de Portland. Su única compañía es su cerdita, que tiene la capacidad de descubrir dónde se esconden trufas en medio del bosque. Rob es el hijo de un millonario que le compra las trufas y las comercializa en un restaurante de Portland. El conflicto comienza cuando en medio de la noche, le roban a su cerdita. Pero esta no es la típica película de revancha. Es una reflexión sobre la tristeza, el duelo, y en cómo habitamos los recuerdos a través de la comida. Hay sabores que vuelven a pasar por el corazón. Recuerdo cuando llegaba del colegio sentir el aroma de la tortilla que preparaba mi Abuelo. La tortilla de Cirilo tenía un sabor único. Mi Abuelo era un tipo sencillo y de esa misma manera cocinaba. Lo único diferente que tenía era que le agregaba ajo y perejil. He intentado hacer muchas veces la misma tortilla, pero nunca me salió. Me considero un buen cocinero y la tortilla es el único plato que no me sale. La nostalgia invade el intersticio entre la papa y el huevo, y así, la tortilla se desarma. Después de mucho tiempo me di cuenta que el secreto que tenía la tortilla de mi Abuelo era habitar el presente. Cada vez que volvía de la escuela, lo único que pensaba era en el aroma de la tortilla invadiendo toda la casa; el rugir del aceite frente a la cara de Cirilo; el extractor haciendo circular el aire de la cocina; la espumadera mojada sobre la mesada; los individuales de hule sobre la mesa con el plato blanco y los cubiertos a los lados, esperando siempre esperando. Hoy sí quiero recordar la voz de mi abuelo primero recuerdo el aroma de la cocina. El olfato es parte de nuestro comportamiento afectivo, está ligada a la situación espacio-temporal. El olfato me lleva a un espacio y a un tiempo determinado. Deambulo entre las cosas queridas y entre la tristeza que no se deja ver, vuelvo una vez más a la casa Castelli, y espero que venga aquel parecido sabor.


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