Ir al contenido principal

De un niño a un árbol

 



Como la verdadera naturaleza se ha perdido, todo puede ser naturaleza

Blaise Pascal

Siempre me pregunte cuál es el punto de partida para la creación de un poema. ¿Cuál es la primera palabra qué aparece entre los bordes del silencio? Paul Valéry dijo en una conferencia en la Université des Annales que “Aquel que se contenta tiene que admitir o bien que la producción poética es un puro efecto del azar o bien que procede de una especie de comunicación sobrenatural”. Pero ¿qué es lo qué causa la necesidad de escribir un poema? Creo que más allá de la imagen que puede referir a algo, lo más importante sucede por dentro. En uno de mis últimos poemas, "Para los árboles", título en homenaje a Luis Alberto Spinetta, comienzo a trabajar a partir de una imagen, pero hay algo allá afuera que no está a la vista. Toda mi vida está rodeada por árboles, desde mi casa de la infancia hasta los árboles que rodean las veredas de la ciudad. Hay algo en ellos que me conmueve, y, como dice el poeta chileno Jorge Teillier, “las ciudades son accidentes que no prevalecerán frente a los árboles”. 

El departamento donde vivía anteriormente tenía una vista a tres plátanos gigantes. En el tiempo que viví allí, fui viendo cómo sus ramas se iban bifurcando hasta el cielo, cómo sus hojas morían y nacían frente a mis ojos. “Cuántas veces habré muerto”, decía el poeta Antonio Porchia. La última vez que estuve en esa casa sentí que algo me atravesó. Los árboles seguían moviéndose en una ventana que ya no existía, pero esta vez desde la distancia. A partir de allí necesité decir algo. Mis poemas siempre nacen desde adentro hacia afuera, hay algo en la contemplación que me conmueve. Escribo catárticamente, y es cuando el sentido común se interpone entre mi propio ritmo interno, al momento de la corrección leo en vos alta e intento escuchar el ritmo que marca el poema, voy del sonido hacia el sentido. El poema debe atravesarme, como un temblor despierto, como dice en el poema “la luz/un temblor despierto/atraviesa/las esqueléticas ramas/que dejó el otoño”. Siempre escribo desde un lugar y en este caso fue desde una casa que dejé atrás, y con ella quedaron las cosas que he amado. “Un hueco en blanco/una herida que habla”. Para escribir, tengo que volver al punto de partida, caminar derrotado, pero con la cabeza en alto, buscar aquellas palabras que rondan por el aire. El poeta Juan Manuel Inchauspe dice: "Producir un poema es una instancia decisiva, surgiendo allí de donde nada puede surgir. Si otra cosa pudiera surgir en su reemplazo, el poema no tendría razón de ser". Quizás eso es lo que intento hacer, buscar las palabras entre los árboles, escuchar la música de sus hojas, ir más allá del lenguaje, captar el ritmo interno de un tiempo que no es el mío, hacer lo que dijo el poeta Raúl Gustavo Aguirre: “El instante supremo en que salto o me pudro". 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Notas de la ciudad

  Ya nadie se pasea por las tardes evanescentes en las calles inundadas de hollín que emanan los señores ejecutivos frente al Icon Palace Hotel sus bocas pululan pululean los más sádicos y despiadados fluidos sobre los hombros cansados de sus admiradores que caminan con sus zapatos al revés  ya nadie mire el cielo ni por asomo del reloj buscan sus obligaciónes en la saliva arrastrada de estos nabucodonosores sin corbata que patean su espina dorsal y nosotros los que somos de aquí y de allá miramos con espanto y esperamos un paso atrás otro paso atrás y caminamos adelante.

La Hepatitis y el cine catástrofe

Cuando tenía ocho años vivíamos en la calle mitre. Una mañana me desperté amarillo. Para mi mamá que toda su vida había trabajado como enfermera el diagnóstico era evidente, hepatitis. Fuimos a la clínica Fátima y el médico confirmó el diagnóstico de mi mamá. Al principio todo no era tan malo porque iba ausentarme unos largos meses al colegio, pero también me dijeron que mi alimentación se iba a basar en galletitas de agua, mermelada de durazno, calabaza, pollo y tal vez algún bifecito si tenía suerte, y a toda esa dieta de hospital se le agregaba el reposo absoluto. Solo me quedaba estar en mi cuarto y mirar mi televisor philco de 21 pulgadas que estaba arriba del ropero. En ese tiempo era fanático del cine de ciencia ficción. Decidí escribir mi primer guión, todavía lo recuerdo. Se trataba de una invasión alienígena sobre el planeta tierra. Los extraterrestres descendían en el obelisco y en unas pocas horas se adueñaron de la ciudad. Un joven científico llamado Carlos inventaba una p...

La insoportable levedad de la crisis

Cierros los ojos, y me entrego a la certidumbre de los días León Daer   Los Domingos son los días de más tranquilidad en mi barrio. Los autos pasan lentos, a veces un Benteveo me despierta con su canto en la ventana, el ruido del viento acariciando las hojas de los plátanos, el humo que se desprende de alguna parrilla, las nubes que van más lento que de costumbre, los rayos de sol que se reflejan en la ventana como dibujando algo. En mi casa nos movemos despacio, Tarkovsky está tirado patas para arriba en la cama, no se mueve. La quietud del domingo que pronto generar un movimiento. Empieza a bajar el sol la crisis se asoma, te atraviesa. En mi caso tengo solucionado lo que aqueja a la mayoría que es volver al trabajo los lunes, modifique mis horarios, le sume horas a los días, para escapar de la brutalidad del primer día de la semana. Pero fue inútil, la crisis existencial golpea con fuerza, me paraliza. Si me siento en el piano mis manos se inmovilizan, si me siento a esc...