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Crónicas navideñas: Y de repente... La noche

Ayer fuimos a ver una banda de jazz al Caras y Caretas con Belén, una compañera de la maestría de escritura creativa que estoy cursando en la Untref. Pienso que el ámbito de la escritura se prolonga fuera de las aulas. Las palabras flotan, como quien dice por en el aire. El lenguaje es como un umbral para atravesar la existencia. Hay que estar siempre con los sentidos atentos. 'Pensar nos roba el mirar', decía el poeta Roberto Juarroz. Después de disfrutar del concierto, fuimos a comer pizza a la Continental, que está sobre la calla Callao. Cuando salimos, nos cruzamos con un hombre viejo con un saco gastado y sucio, una bermuda de jean cortada con las manos y un sombrero. Belén se quedó charlando con él y yo di unos pasos más adelante, pero rápidamente él dijo: 'Ya no quedan lugares para pensar. Antes nos juntábamos en La Paz, en Varela Varelita, en la academia con muchos estudiantes que luego fueron profesores, pensadores que después fueron políticos, pero hoy esa época q...

De un niño a un árbol

  Como la verdadera naturaleza se ha perdido, todo puede ser naturaleza Blaise Pascal Siempre me pregunte cuál es el punto de partida para la creación de un poema. ¿Cuál es la primera palabra qué aparece entre los bordes del silencio? Paul Valéry dijo en una conferencia en la Université des Annales que “Aquel que se contenta tiene que admitir o bien que la producción poética es un puro efecto del azar o bien que procede de una especie de comunicación sobrenatural”. Pero ¿qué es lo qué causa la necesidad de escribir un poema? Creo que más allá de la imagen que puede referir a algo, lo más importante sucede por dentro. En uno de mis últimos poemas, "Para los árboles", título en homenaje a Luis Alberto Spinetta, comienzo a trabajar a partir de una imagen, pero hay algo allá afuera que no está a la vista. Toda mi vida está rodeada por árboles, desde mi casa de la infancia hasta los árboles que rodean las veredas de la ciudad. Hay algo en ellos que me conmueve, y, como dice el...

Una voz solamente

Hace poco me mudé a un departamento en el barrio de Colegiales. El departamento está en un primer piso. Lo que más me sofoca de este departamento es la vista. Antes mi escritorio estaba frente a un ventanal en un sexto piso, donde todas las mañanas veía como los pájaros cruzaban de cielo a cielo, como las hojas caian verticalmente  y tapizaban con su paleta de colores los autos que rodeaban la vereda de la ciudad. Los domingos se escuchaba el chirrido de las hojas por el asfalto. La vida de la ciudad transcurría frente a mi ventana. Ahora en cambio mi mirada se clava en una pared blanca que proyecta el silencio; el sonido de mi interior retumba en el espacio, las ondas sonoras nunca se pierden, chocan entre sí.    Miro a mi derecha y me reflejo en la ventana, a veces el vidrio tiembla por el río de motores de la calle Zapata; miró hacia abajo y veo mis dedos largos y huesudos caer lentamente sobre el teclado. Todavía no reconozco los árboles de la cuadra ni tampoco he vis...

Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia

En la esquina de mi barrio hay una vinoteca que se llama Pádico; está atendida por dos hermanos, Diego y Pablo.  Diego es el más serio de los dos, tiene pinta de ser el que lleva los números; Pablo es un vendedor nato, sabe a la perfección la característica de cada vino. Él puede recomendarte el vino indicado con tan solo una pregunta. ¿para qué estás? Siempre que voy, me quedo pensando en esa pregunta. Cuando quiero saber para qué estoy, agarro el tomo verde de Montaigne que está sobre mi escritorio; abro una página al azar y leo la primera frase. La última vez que me pasó esto, la frase decía: “La fuerza de la costumbre forja el cuerpo”. Esto me hizo pensar que la costumbre está asociada a un lugar de pertenencia y esto es fundamental para los tiempos que corren. El lugar de pertenencia se perdió en estos tiempos de sentimentalidad capitalista, donde prima el individualismo, y los imperativos de la alegría. Todo el tiempo nos obligan a construir nuestro propio bienestar. Es por e...

El amor despues del tiempo

    Lo visible es sólo un ejemplo de lo real Paul Klee Esta semana terminé de ver la serie de Fito Páez, y más allá de la nostalgia que me provocó, me apabulló la velocidad con la que la serie se desarrolla. Pienso en cómo va cambiando el tiempo a lo largo de los años, y para esto, el cine sirve como vehículo para comparar el tratamiento del tiempo entre dos épocas. ¿A qué se debe esta aceleración del tiempo? Bueno, en principio se me ocurre pensar en cómo se fue acrecentando el capitalismo en estos últimos años. Pero hay grandes películas de Hollywood hasta 1990 que manejan el tiempo de una manera diferente. En 1995 se realizó el foro de San Francisco, en donde el objetivo era verificar el estado del mundo, sugerir objetivos, proponer metas deseables. Se llegó a la conclusión que era inevitable una sociedad 20 :80. Esto quiere decir que el 20 % de la sociedad era suficiente para sostener la totalidad del planeta y el 80 % sobrante sería lo que no entra en agenda; para...

El sonido de los objetos

  No escuchándome a mí, sino al logos, es sabio confesar que todas las cosas son uno Heráclito de Éfeso  La música comienza por murmurar al oído del que la ama y que se acerca al canto que le envuelve, donde consiente en perder su identidad y su lenguaje: Acordaos, un día, antaño, se perdió lo que se amaba Pascal Quignard “M, el vampiro negro” es la primera película sonora de Fritz Lang. Es la historia de un asesino de niños que aterroriza la ciudad de Berlín. La policía no puede dar con el paradero de este asesino por lo cual empieza a allanar todo tipo de negocios en los que está involucrada la mafia; estos se ven afectados por todas las redadas que están sufriendo y deciden buscar al asesino ellos mismos. Hasta aquí es una breve síntesis de la trama de la película, pero lo que me interesa comentar de esta brillante película son tres puntos: El primero volver a remarcar que es la primera película sonora de Fritz Lang; el segundo que la única música que hay en la tr...

El cuerpo y la escritura

Así como los deportistas de alto rendimiento tienen una vida útil debido al inexorable paso del tiempo, me pregunto qué sucede con los artistas. "La muerte no nos ha exigido que le reservemos el día", dice Samuel Beckett. La muerte puede llegar en cualquier momento; sin embargo, ser consciente de que nos ronda desde cierta distancia puede interferir en la mente del artista tardío. Aquí me parece necesario separar la obra del artista, ya que las obras de arte no tienen vida orgánica que perder. Pero ¿qué le sucede al cuerpo del artista tardío? ¿Es la proximidad de la muerte lo que hace que sus obras finales adquieran mayor relevancia? Para Adorno, “lo tardío” es la idea de sobrevivir más allá de lo que resulta aceptable y normal; lo tardío incluye la noción de que uno no puede ir más allá de sí mismo. Tal vez el estilo tardío sea una forma de desafiar los límites del presente o, como dice Edward Said: "El estilo tardío es lo que ocurre cuando el arte no abdica sus derec...